Polos

Atravesar el hielo, atravesar el cristal: quedarnos dentro y transitar con la mirada… o caminar y en el camino encontrar la luz que refracta, que refleja, que palpita en el interior de la cueva y nos habla de un movimiento que habita y se expresa en cada uno de nuestros pasos, en cada gesto, en cada cambio de dirección, cuando olvidándonos o sabiendo de nuestra antropometría, podemos sentir y recrear.

La sutileza de nuestras percepciones nos devuelven al juego de la luz y la oscuridad en la materia. La metáfora de la cueva de hielo alimenta nuestro interior reforzando todo el calor que podemos generar.

Nuestro experto corazón palpita compensando tanto frío imaginado: los pensamientos se equilibran en un iluminado y profundo  sentir interior, ¡encontrando aquel calor primordial!